
La ciudad se deshace en una telaraña de niebla congelada.
Las espinas vagabundean queriendo encontrar fragilidad.
Y la encuentran…
Y ahí se quedan.
Respiro del verde latente,
Y me penetran sus ortigas.
El reloj subterráneo acaba de detenerse.
Socavo el tiempo con mis manos,
Busco la estrella perdida en los juguetes que abandoné.
sigo moviendo con mis labios,
Las interminables capas de hielo que se formaron en mi ausencia.
Tu boca está helada.
Y mi cabeza no se puede hundir en tu cuerpo.
Tus brazos ya no son mi tronco de cada día…
Y te extraño…
Y ruedan fragmentos de memoria.
Nudos colectivos que solemnizaron mi vida..
Una voz me dice: “ya es hora”
Y no la escucho.
Me tapo los oídos,
Y siento mis deseos,
Y ahí estás tú,
Como un rey autoritario firmando mi descenso.

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