lunes, 4 de mayo de 2009

abril.

Abrí la ventana y el aire húmedo bofeteó la nostalgia. Era humo. El humo que salía de las chimeneas inventadas, el humo y el frío que se mezclaban con el sutil olor de las sábanas. Mire las estrellas y abracé el recuerdo nublado. Desaparecías en cada respiro. De a poco, de golpe, así como no lo planeamos. Ese día también comprobé que lo habíamos decidido. Que el silencio era la opción que me había costado entender.
Era mayo, por fin. Era mayo. Era melancolía y humo, melancolía y cigarrillos apurados, melancolía y distancias, era melancolía y tú.

sábado, 13 de septiembre de 2008

tu película favorita,
tus libros favoritos,
tu música favorita,
tu momento mágico,
tu amanecer mas esperado,
la constelación mas observada de todas,
el círculo lunar más dibujado,
el beso más jugoso,
el dibujo más exacto,
el juguete más elaborado,
el despertar menos deseado.
y luego,
tu mejor viaje.
tu mejor foto.
tu mejor poema,
tu mejor adorno.
tu mejor aroma.
tus mejores sábanas.
tu mejor cómplice.
tu mejor cigarrilo.
tu mejor momento.
y nada.
sabemos que es nada.

domingo, 31 de agosto de 2008


el paraguas amarillo en el rincón de siempre.
5 fotografías a color y un dibujo incompleto esperando. el calendario del mes de julio intacto.
el reloj detenido en la hora de siempre. 20:51 hrs.
los cuadernos y libros ordenados.
la música que no me convence.
una película esperando y 7 llamadas nuevas en el teléfono sin revisar.
las llaves al frente mío.
partículas disueltas de un olor en las sábanas.
y una nueva crisis por venir.

miércoles, 27 de agosto de 2008

parece que siempre la memoria está empapada de nostalgia.





Me transformo en otras cosas.
Objetos por lo general.
El tiempo de andar en micro lo ocupo imaginando en qué podré convertirme.
Me estoy haciendo árbol.
Y no tomo atención.
Mi campo perceptual solo se reduce a un estimulo.

Y ¿qué será de mi mañana?
O ¿en un par de horas?
¿Y cuando desaparezca por meses?
¿Como estará todo?

A ratos odio el silencio estático
Y amo lo que no tengo.
Y pienso en ese amanecer que no está
Y en el agua que no llega.
Y en la hoja rosácea que nadie rescata.
Y pienso en el castaño,
Cuando arroja proyectiles
Que dañan los dedos.
Y en mi cigarro que no tengo.
Y en la mañana para no recordar.

Y en la poesía que no cesa.
Y se parece a la lluvia.

Suele suceder.

Hay días en que todo es poesía.
O ¿será que todo el tiempo todo es poesía y no lo se ver?
Yo no quiero ser un árbol todos los días.
Quiero serlo hoy.

Y me quiero ir.
Pero me persiguen.
Y se hace tarde.

ay, valdivia!


Esta lluvia no cesa.
¿Se dan cuenta que siempre tengo frío?
Caminar por la ciudad es castigar a mi memoria.
En este momento me doy cuenta de mi adicción a la nicotina.

Simplemente a veces, no se fingir.

Estoy triste,
Inevitablemente triste.
Y odio los aromas que no cesan.
Odio el viento que me acerca,
El río que se estanca,
Las miradas que no llegan,
El sonido lastimero de mi almohada matutina,
El color rojo,
Esas bocas hambrientas que se devoran,
El cristal perdido de esa voz opaca,
Odio perder en cada esquina que aparece.
Odio ser conciente de los recuerdos.
Odio la locura que parece un círculo encendido.

Frío, negro y lluvia.
Frío, rojo y viento.
Frío, silencio y amnesia.

Sueño.
Sueño.
Nicotina,
Sexo,
Frío.
Y sueño.
Y nada.
Y vacío.
Y espero.
Esperamos.

¡Ay valdivia!

no había desorden, entonces el mundo seguía siendo algo petrificado y establecido, un juego de elementos girando en sus goznes, una madeja de calles y árboles y nombres y meses. No había un desorden que abriera puertas al rescate, había solamente suciedad y miseria, vasos con restos de cerveza, medias en un rincón, una cama que olía a sexo y a pelo, una mujer que me pasaba su mano fina y transparente por los muslos, retardando la caricia que me arrancaría por un rato a esa vigilancia en pleno vacío. Demasiado tarde, siempre, porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad.
Rayuela, J. Cortázar.