lunes, 4 de mayo de 2009

abril.

Abrí la ventana y el aire húmedo bofeteó la nostalgia. Era humo. El humo que salía de las chimeneas inventadas, el humo y el frío que se mezclaban con el sutil olor de las sábanas. Mire las estrellas y abracé el recuerdo nublado. Desaparecías en cada respiro. De a poco, de golpe, así como no lo planeamos. Ese día también comprobé que lo habíamos decidido. Que el silencio era la opción que me había costado entender.
Era mayo, por fin. Era mayo. Era melancolía y humo, melancolía y cigarrillos apurados, melancolía y distancias, era melancolía y tú.